Publicado en: Esprint Investigación
Fecha de Publicación: 2025-12-26
Volumen: 4
Número: 2
Año: 2025
DOI URL: https://doi.org/10.61347/ei.v4i2.227
Autores:
Palabras clave: Diagnóstico; enfermedad de Wilson; manifestaciones clínicas; metabolismo del cobre; pruebas de laboratorio
La enfermedad de Wilson (WD) es un trastorno hereditario poco frecuente del metabolismo del cobre, caracterizado por su acumulación progresiva en órganos como el hígado, el cerebro y la córnea, lo que genera manifestaciones clínicas heterogéneas que dificultan un diagnóstico temprano. En Ecuador, entre 2012 y 2022 se registraron únicamente 23 egresos hospitalarios con el código diagnóstico E83.0, lo que demuestra un importante subdiagnóstico y refuerza la necesidad de fortalecer las estrategias diagnósticas. El objetivo de esta revisión fue evaluar las principales pruebas de laboratorio empleadas en el diagnóstico de la enfermedad y analizar su relación con las manifestaciones clínicas reportadas. Se desarrolló una revisión sistemática con enfoque cualitativo y alcance descriptivo-analítico, siguiendo los lineamientos PRISMA 2020. La búsqueda se realizó en las bases de datos Scopus y PubMed, obteniéndose 330 estudios, de los cuales 24 cumplieron con los criterios de inclusión. Los resultados muestran que las pruebas tradicionales, como la ceruloplasmina sérica, el cobre sérico total, la excreción urinaria de cobre en 24 horas y los anillos de Kayser-Fleischer, continúan siendo pilares diagnósticos; sin embargo, presentan limitaciones en su precisión y variabilidad metodológica. Biomarcadores emergentes, como el cobre intercambiable (CuEXC), el índice REC, la pGFAP, la fetuin-A y determinados perfiles lipídicos y metabolómicos, demostraron mayor sensibilidad y especificidad, mejorando la capacidad diagnóstica, especialmente en presentaciones atípicas. Se confirma una correlación directa entre determinados biomarcadores y la severidad clínica, entre los que destacan la excreción urinaria de cobre en 24 horas (UCE 24 h), la disminución de la ceruloplasmina (Cp), el aumento del cobre no unido a ceruloplasmina (NCC/CuEXC), el cobre intercambiable relativo (REC), la pGFAP en casos con compromiso neurológico, la reducción de la fetuin-A, el incremento del cobre hepático y alteraciones específicas en el perfil de ceramidas. Estos biomarcadores permiten identificar la magnitud del daño orgánico y la progresión de la enfermedad, subrayando la relevancia de una interpretación integrada clínico-laboratorial para una evaluación precisa. Se concluye que ningún biomarcador aislado es suficiente para confirmar la enfermedad; por lo tanto, el enfoque diagnóstico debe ser multimodal, integrando pruebas bioquímicas, genéticas y clínicas.
Wilson’s disease (WD) is a rare inherited disorder of copper metabolism, characterized by its progressive accumulation in organs such as the liver, brain, and cornea, leading to heterogeneous clinical manifestations that hinder early diagnosis. In Ecuador, between 2012 and 2022, only 23 hospital discharges were recorded with the diagnostic code E83.0, highlighting significant underdiagnosis and reinforcing the need to strengthen diagnostic strategies. The objective of this review was to evaluate the main laboratory tests used in the diagnosis of the disease and to analyze their relationship with the reported clinical manifestations. A systematic review with a qualitative approach and a descriptive–analytical scope was conducted, following the PRISMA 2020 guidelines. The search was performed in the Scopus and PubMed databases, yielding 330 studies, of which 24 met the inclusion criteria. The results show that traditional tests, such as serum ceruloplasmin, total serum copper, 24-hour urinary copper excretion, and Kayser–Fleischer rings, remain diagnostic cornerstones; however, they present limitations in accuracy and methodological variability. Emerging biomarkers, such as exchangeable copper (CuEXC), the REC index, pGFAP, fetuin-A, and specific lipidomic and metabolomic profiles, demonstrated higher sensitivity and specificity, improving diagnostic performance, particularly in atypical presentations. A direct correlation between certain biomarkers and clinical severity was confirmed, notably 24-hour urinary copper excretion (UCE 24 h), decreased ceruloplasmin (Cp), increased non–ceruloplasmin-bound copper (NCC/CuEXC), relative exchangeable copper (REC), pGFAP in cases with neurological involvement, reduced fetuin-A levels, increased hepatic copper, and specific alterations in ceramide profiles. These biomarkers allow the identification of the extent of organ damage and disease progression, underscoring the relevance of an integrated clinical–laboratory interpretation for accurate assessment. It is concluded that no single biomarker is sufficient to confirm the disease; therefore, the diagnostic approach should be multimodal, integrating biochemical, genetic, and clinical tests.
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